París, a menudo llamada la «Ciudad de la Luz», es conocida hoy por su grandeza, cultura y encanto. Pero mucho antes de que la Torre Eiffel se alzara sobre el horizonte y los Campos Elíseos rebosaran de moda y comercio, París tenía una historia rica y compleja. Desde un humilde asentamiento ribereño llamado Lutèce hasta el dinámico corazón de la Francia moderna, la historia de París es una de conquista, creatividad y reinvención continua. Viajemos a través del tiempo y exploremos cómo evolucionó esta icónica ciudad. Ahora ya sabes por qué llamamos a nuestra escuela «Lutèce».
1. Antes de los romanos: la tribu de los parisios
Los primeros habitantes conocidos de París fueron una tribu celta llamada los Parisii, que se asentaron a orillas del río Sena alrededor del año 250 a . C. Construyeron un pequeño asentamiento pesquero y comercial en la Île de la Cité, una de las islas del Sena que aún se conserva en el corazón del París moderno. Los Parisii eran hábiles comerciantes y acuñaban sus propias monedas, lo que indicaba una economía próspera. Su ubicación estratégica junto al río facilitaba el control de las rutas comerciales y el acceso a ambos lados de las tierras circundantes.
Este asentamiento prerromano no era extenso ni imponente, pero sentó las bases del nombre y el núcleo geográfico de lo que con el tiempo se convertiría en París. Aun siendo una modesta aldea gala, albergaba las bases de la vibrante ciudad que conocemos hoy.
2. La conquista romana y el nacimiento de Lutecia
En el año 52 a. C., Julio César condujo las fuerzas romanas a la Galia (la actual Francia) durante la Guerra de las Galias. Tras derrotar a Vercingétorix y a los galos, los romanos se apoderaron del territorio de los Parisii y fundaron una ciudad romana llamada Lutetia (Lutetia Parisiorum). Esta nueva ciudad romana se inspiró en el urbanismo romano típico: acueductos, templos, termas y anfiteatros.
Lutecia se expandió hacia el sur desde la isla hasta lo que hoy es la Margen Izquierda de París, particularmente alrededor del Barrio Latino, donde aún existen vestigios de la arquitectura romana, como las Arènes de Lutèce (un anfiteatro romano) y las Thermes de Cluny (baños romanos).
La Lutecia romana era pacífica y próspera, y gradualmente latinizó a su población gala nativa. Con el tiempo, el nombre «Lutecia» se desvaneció, y a finales de la era romana, el nombre «París» había regresado, un guiño a sus habitantes tribales originales.

3. El cristianismo y el ascenso de Clodoveo
Hacia el siglo III d. C., el cristianismo comenzó a extenderse en Lutecia, y la ciudad presenció el martirio de San Dionisio, uno de sus primeros obispos, quien más tarde se convertiría en el santo patrón de París. Cuenta la leyenda que, tras ser decapitado, Dionisio recogió su cabeza y caminó varios kilómetros, predicando mientras caminaba. Su lugar de descanso final es actualmente la Basílica de San Dionisio.
En el siglo V, tras la decadencia del Imperio Romano de Occidente, los francos (una tribu germánica) comenzaron a expandirse hacia la Galia. Bajo el liderazgo de Clodoveo I, rey de los francos, París cobró relevancia. En el año 508 d. C., Clodoveo estableció París como su capital tras convertirse al cristianismo, consolidando así el papel de la ciudad como centro espiritual y político del reino franco.
4. París medieval: reyes, eruditos y catedrales
Durante la Edad Media, París se convirtió en un centro religioso e intelectual. La fundación de la Universidad de París en el siglo XII convirtió a la ciudad en un referente para el aprendizaje y la erudición en toda Europa. La teología, la filosofía y las artes florecieron aquí, atrayendo a estudiantes y académicos de todo el mundo.
Esta época también presenció la construcción de proezas arquitectónicas emblemáticas como la Catedral de Notre Dame, cuya construcción comenzó en 1163 y tardó casi dos siglos en completarse. Construida en el corazón de la ciudad, en la Île de la Cité, se convirtió en un símbolo tanto de la arquitectura gótica como de la devoción católica.
Mientras tanto, el papel de la ciudad como capital real se expandió. La dinastía de los Capetos, en particular el rey Filipo II Augusto, fortificó la ciudad, construyó murallas para protegerla y pavimentó carreteras, sentando las bases para el desarrollo urbano moderno. París se transformaba lentamente en la vibrante capital que es hoy.
5. Agitación y triunfo: La Guerra de los Cien Años y el Renacimiento
Los siglos XIV y XV estuvieron marcados por la guerra. La Guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra devastó París, con ocupaciones y dificultades económicas. La peste negra asoló aún más la ciudad, reduciendo drásticamente su población.
Pero de la oscuridad surgió la luz. El Renacimiento llegó a París en el siglo XVI, trayendo consigo una renovada actividad artística e intelectual. Reyes franceses como Francisco I impulsaron la arquitectura y el arte, inspirándose en los maestros italianos. El Louvre, antaño una fortaleza, comenzó su transformación en palacio.
Los conflictos religiosos empañaron esta época dorada. Las guerras de religión entre católicos y protestantes (hugonotes) culminaron en tragedias como la Masacre del Día de San Bartolomé en 1572, cuando miles de protestantes fueron asesinados en París.
6. La era borbónica y el florecimiento cultural de París
Los siglos XVII y XVIII marcaron el comienzo de la estabilidad bajo la monarquía borbónica, en particular bajo Luis XIV, quien trasladó la corte real a Versalles. Aunque la corte ya no residía en París, la ciudad siguió siendo el núcleo intelectual y cultural de Francia. Pensadores de la Ilustración como Voltaire, Rousseau y Diderot vivieron y escribieron en París, cuestionando la monarquía y la tradición.
Bajo Luis XV y Luis XVI, las mejoras urbanas se expandieron. Surgieron nuevos puentes, plazas (como la Plaza de la Concordia) y parques, modernizando la ciudad. Sin embargo, bajo la superficie, se gestaban la desigualdad social y el descontento.
7. La Revolución Francesa: Renacimiento a través de la revuelta
En 1789, París se convirtió en el epicentro de uno de los acontecimientos más decisivos de la historia mundial: la Revolución Francesa. A partir de la toma de la Bastilla, los parisinos exigieron libertad, igualdad y fraternidad. La monarquía cayó y la República nació entre la sangre y el idealismo.
El fervor revolucionario transformó París. Las iglesias se reutilizaron, el calendario cambió y los clubes políticos inundaron el ambiente de debates. Aunque el período fue caótico y violento, sentó las bases para la democracia moderna en Francia.

8. Transformaciones del siglo XIX: Imperio, Haussmann y progreso
A lo largo del siglo XIX, París evolucionó rápidamente. Bajo el reinado de Napoleón Bonaparte, París se convirtió en una capital imperial, repleta de arcos, monumentos y grandeza. Más tarde, bajo el reinado de Napoleón III, el urbanista barón Haussmann transformó la ciudad medieval en una metrópolis moderna. Amplios bulevares, fachadas uniformes, parques como el Bois de Boulogne y nuevos sistemas de alcantarillado definieron este nuevo París.
Culturalmente, la ciudad prosperó. París se convirtió en un centro mundial de arte, música y literatura. Hogar de pintores impresionistas, escritores vanguardistas y revolucionarios por igual.
9. Reflexiones finales: Una ciudad tejida a lo largo de los siglos
La trayectoria de París, desde una pequeña aldea tribal llamada Lutèce hasta la bulliciosa capital de la Francia moderna, es verdaderamente épica. Ha sobrevivido a invasiones, revoluciones, plagas y renacimientos, manteniendo siempre su espíritu único. Cada piedra de sus edificios, cada calle sinuosa, evoca a reyes y plebeyos, poetas y filósofos.
El París de hoy no es solo la capital de Francia, sino un testimonio de resiliencia, cultura y transformación. Recorrer sus calles es recorrer la historia, desde los antiguos caminos de los parisinos hasta el corazón de una potencia europea moderna.

