La música popular de Francia ha dado al mundo una constelación de voces que desbordan fronteras idiomáticas. Entre el cabaret parisino, la chanson poética, el yé-yé sesentero y el pop de estadios, estos diez cantantes han dejado huellas distintas, pero igualmente profundas. Sus canciones han sido banda sonora del siglo XX y han seguido resonando en el XXI, ya sea en vinilos gastados, en recopilatorios digitales o en nuevas versiones que confirman su vigencia.
Son muchos los artistas que pueden considerarse parte del «Olympus» de la música francesa. Así que para hacerles justicia, os presentamos algunos de ellos en este artículo, y os traeremos otros tantos en una segunda parte.
Édith Piaf

«El gorrión de París» encarna la intensidad absoluta de la chanson. De estatura menuda, pero con una proyección gigantesca, convirtió el dolor y la esperanza en materia de arte. Su vibrato incisivo y su fraseo teatral cuentan historias de amores rotos y redenciones tardías.«La vie en rose» es su tarjeta de presentación al mundo; «Hymne à l’amour» y «Non, je ne regrette rien» condensan su voluntad de vivir pese a las cicatrices.
Charles Aznavour

Fue el gran cronista de la memoria y el tiempo. Con timbre cálido y técnica de crooner, supo narrar la fragilidad humana en canciones que parecen relatos breves. Letrista agudo y melodista elegante, alternó ternura y ironía sin perder la dignidad del personaje que canta.«La Bohème» evoca la bohemia perdida; «Hier encore» mira atrás con lucidez; «Emmenez-moi» sueña con escaparse hacia puertos lejanos.
Serge Gainsbourg

Enfant terrible por excelencia, fue un alquimista sonoro que pasó del jazz de club al yé-yé, del pop orquestal al reggae, el funk y la electrónica incipiente. Su voz grave, casi hablada, y su afición a la provocación convivieron con una escritura finísima, llena de juegos de palabras. «La Javanaise» es pura elegancia melódica; «Je t’aime… moi non plus», junto a Jane Birkin, llevó el erotismo a la radio; «Aux armes et cætera» convirtió la Marsellesa en reggae.
Georges Brassens

Elevó la canción de autor a arte mayor con guitarra, pipa y versos libertarios. Su dicción clara y su ironía afilada desarmaban hipocresías con humor y ternura. Cantó a la amistad, a la libertad individual y a la dignidad de los anónimos. «Les copains d’abord» es un himno fraternal; «La mauvaise réputation» se ríe del qué dirán; «Chanson pour l’Auvergnat» abraza la gratitud sin grandilocuencia.
Johnny Hallyday

Fue el rostro del rock en francés: un animal de escenario, voz rasgada y carisma descomunal. Adaptó el rock’n’roll y el blues a una sensibilidad gala, con producciones cada vez más ambiciosas y giras monumentales. «Que je t’aime» arde a fuego lento; «Quelque chose de Tennessee» revela su veta sentimental; «Allumer le feu» encarna la comunión con el público que lo convirtió en mito.
Françoise Hardy

Trajo una melancolía luminosa al yé-yé. Con timidez elegante y una estética minimalista, sus canciones combinan armonías suaves, ecos de bossa nova y letras introspectivas. Fue, además, autora de gran parte de su repertorio, algo inusual en su generación. «Tous les garçons et les filles» capturó la soledad adolescente; «Le temps de l’amour» sigue sonando moderno; «Comment te dire adieu» destila finura pop.
Dalida

Diva multilingüe y cosmopolita, dominó el escenario con dramatismo y una voz de terciopelo que atravesaba géneros: canción italiana, francesa, disco, balada. Su biografía intensa se filtró en interpretaciones que iban de la alegría al abismo. «Bambino» la lanzó a la fama; «Gigi l’amoroso» desplegó su teatralidad; «Il venait d’avoir 18 ans» y «Paroles, paroles» muestran su capacidad de sugerencia
Charles Trenet

El «fou chantant», es el arquitecto de la chanson moderna. Con swing juguetón y letras de imaginación desbordante, transformó escenas cotidianas en postales poéticas. Su canto optimista y su ritmo saltarín influyeron en generaciones enteras. «La Mer» es pura eternidad melódica; «Douce France» abraza el paisaje y la memoria; «Boum!» celebra la vida con onomatopeyas y buen humor.
Barbara, «the lady in black»

Convirtió el escenario en confesionario. Al piano, con voz grave y dicción cristalina, abordó la memoria, la ausencia y las heridas con una sinceridad que desarma. Sus conciertos eran ceremonias de intimidad compartida. «L’Aigle noir» sobrevuela el trauma con belleza; «Nantes» es duelo hecho canción; «Dis, quand reviendras-tu?» pregunta al tiempo sin dramatismo excesivo.
Mylène Farmer

Es la reina del pop oscuro francés: estética cinematográfica, letras enigmáticas y espectáculos grandilocuentes. Su susurro hipnótico convive con producciones que mezclan electrónica, rock y balada, mientras sus videoclips narran universos propios. «Libertine» encendió su iconografía; «Sans contrefaçon» juega con la identidad; «Désenchantée» se volvió himno generacional con su pulso euro-pop y su estribillo inolvidable.
Estos diez nombres no agotan la riqueza de la canción francesa, pero dibujan un mapa imprescindible: del cabaret al estadio, de la guitarra íntima al sinte monumental, siempre con la palabra al frente. Su legado vive en versiones, homenajes y nuevos artistas que, al cantar en francés, dialogan con ellos, los contradicen o los reinventan. Así, la chanson —en su forma clásica o mutante— sigue siendo puente entre emoción y memoria, entre una calle de París y cualquier oído del mundo.

